La polémica ha vuelto a sacudir la antesala de las fiestas de Castro. El enfrentamiento que en 2011 protagonizaron Ayuntamiento y colectivos del municipio se reedita con diferentes actores. Nuevamente, las txosnas en el punto de mira. Aunque, esta vez, desde una óptica distinta. Si hace un año asociaciones deportivas y culturales defendían su mantenimiento, los hosteleros reclaman ahora su extinción, junto a la de las casetas de la feria de día. No hay concesiones para unos establecimientos que, en su opinión, pueden tener un devastador efecto sobre el sector. El grupo de 150 hosteleros,que asegura representar más de un 80% del negocio, habla con cifras: en septiembre podrían cerrar entre un «10 y un 15%» de los locales. Un riesgo que se incrementa sin el bálsamo económico de las fiestas.

El anuncio del Consistorio de extender a otras zonas la presencia de las casetas, regentadas por hosteleros, les parece insuficiente. Tampoco se conforman con el permiso para la instalación de barras exteriores y la posibilidad de retrasar el cierre una hora. Simplemente, instan a la desaparición de txosnas y casetas. Y acusan al alcalde, Iván González, de incumplir su palabra, ya que, según argumentan, se comprometió a suprimirlas si había consenso en el sector. Pero, a poco más de un mes del arranque de la Semana Grande, no ven receptividad en el ámbito municipal. «El concejal de Festejos lleva tiempo dilatando nuestras reivindicaciones», se quejan. Y, sin respuestas, temen que esta decisión se imponga en detrimento de sus intereses, con el pretexto de la búsqueda de financiación para la deuda local.

¿Un partido político?

Los negocios de hostelería sostienen que el Ayuntamiento ha ignorado sus órdagos. «Hemos planteado cubrir parte del presupuesto festivo y recurrir a nuestros proveedores para la organización de conciertos», dicen. La Concejalía de Festejos, por su parte, asegura que su postura se basa en la defensa del «interés general». No en vano, el anuncio de la desaparición de las txosnas en las pasadas fiestas puso en pie de guerra a las asociaciones. En una red social se convocó un botellón a modo de protesta, al que un millar de jóvenes garantizaron su asistencia.

Los que ahora se sienten agraviados pretenden ser más prácticos. Reivindican su condición de «motor económico» del municipio y han hallado un modelo en los comerciantes, que «ya han conseguido resultados» al unir sus fuerzas en una asociación. Incluso han llegado a meditar sobre una posible incursión política conjunta para hacer patente su relevancia en un emplazamiento turístico. De momento, no hay consignas sobre la posición frente al sorteo de casetas, aunque el grueso del colectivo lo boicoteará renunciando a participar. «Entenderemos que algún compañero quiera optar, dado que podrá logar una importante inyección económica», dicen.

Estiman que la participación apenas representará «en torno a un 3%» de un colectivo que mantendrá su «firme rechazo» a las txosnas. Creen que las asociaciones cuentan con otros cauces de financiación y denuncian que la venta de alcohol no combina bien con el carácter deportivo de algunas agrupaciones. También apelan a que el volumen de asistencia a las fiestas locales no es equiparable al de lugares como Bilbao, «donde hay hueco para todos».

Los responsables de las txosnas rechazan este argumento. Se consideran uno de los «mayores atractivos» de las celebraciones e insisten en que, ante la masiva afluencia de visitantes que se registra en fechas como el Coso Blanco, colaboran en la descongestión de la zona de bares. Su eliminación, explican, sólo podría interpretarse como una maniobra destinada a favorecer a la hostelería, negándoles una fuente de ingresos.