Lucrecia Santamaría explica el proceso de adopción de su hija Gabriela

La castreña, Lucrecia Santamaría Gabancho Kuky , decidió adoptar una niña de nacionalidad china, después de haber pasado por la vida política en la que fue responsable del área de Educación y Cultura, por el PSOE, en el Consistorio castreño dejando su indiscutible impronta de saber hacer las cosas a base de iniciativas originales y positivas, pasando a continuación por el Parlamento de la Comunidad Autónoma de Cantabria del que fue diputada socialista. Una vez reincorporada a su vida laboral de siempre, como funcionaria del Ayuntamiento de Castro Urdiales en la Agencia de Desarrollo Local, es cuando se produjo la citada adopción que explica en la siguiente entrevista.

PREGUNTA.- ¿A qué fue debida esta decisión tan importante en su vida?

RESPUESTA.- Siempre había pensado que iba a tener hijos y, entonces, al transcurrir el tiempo me di cuenta de que había llegado el momento en el que sentí la necesidad de cumplir mi ilusión y dadas las circunstancias creí que la mejor forma de conseguirlo era la vía de la adopción.

P.- ¿Cómo fue el proceso?

R.- A partir de tomar esa decisión con firmeza y convencida del todo, inicié los trámites en la Consejería de Asuntos Sociales del Gobierno de Cantabria, comenzó, de esta forma, el proceso y todo transcurrió sobre ruedas a pesar de ser largo, pero todo acabó felizmente.

P.- ¿Porqué una niña china?

R.- A mí me daba exactamente lo mismo que fuera de cualquier raza o nacionalidad, así de que fuera niño o niña, como lo manifesté en la Consejería de Asuntos Sociales cuando hice la solicitud, solamente pedía que me concedieran lo antes posible lo que deseaba; entonces coincidió que una prima mía también solicitó una adopción y prefería que fuera una niña y fue a partir de ahí consideré que lo más adecuado sería que fuera una niña.

P.- ¿Por qué precisamente china?

R.- Pues influyó mucho que las noticias que llegaban de China se referían a que en ese país se llevaban estas cosas con el máximo rigor y seriedad y que, además, una vez iniciado el proceso de adopción no dejaban a nadie por el camino como venía ocurriendo en otros países que a mitad del proceso solían anularlo y también tardaban mucho tiempo en dar respuesta, China era una garantía total para conseguir la adopción en aquellos años.

P.- ¿Cuánto duro el proceso?

R.- En aquella época duró bastante tiempo, solía durar dos años pero, así y todo, tuve mucha suerte porque me la concedieron dos meses antes de cumplirse ese plazo. Pero recuerdo que también tuve algún susto, porque como era una mujer soltera y al principio no había ningún problema, cuando ya estaban iniciados los trámites y el expediente en marcha, el Gobierno chino decidió que iban a tener preferencia los matrimonios y las personas solteras pasarían a la lista de espera, pero bueno, al final todo se desarrolló felizmente.

P.- ¿Se ha arrepentido en algún momento de la decisión tomada?

R.- Nunca, ni siquiera se me ha pasado por la cabeza, soy una mujer feliz. Esta niña ha provocado un cambio radical en mi vida puesto que de tenerla fácil y dedicada a lo que me apeteciera hacer en cualquier momento, mi trabajo diario y luego a viajar, pasear, leer, incluso dedicarme a la política, pues ahora el centro de todo es la niña aunque también puedo hacer otras cosas, pero es verdad que si por la niña tengo que dejar lo que sea no hay la menor duda en mi decisión, ella es la primera siempre. Pero también tienes que realizarte en algunas cosas personalmente porque de lo contrario, al final, terminas un poco anulada y ese sería el problema de todas las mujeres cuando los niños son mayores que, al final, te quedas un poco como vacía, hay que alternar, en cierta medida, pero el centro fundamental siempre es la niña.

P.- ¿Qué edad tenía la niña cuando la adoptó y cómo ha evolucionado?

R.- Contaba con ocho meses y medio de edad, era preciosa, estaba gordita porque no había estado en ningún orfanato y la habían cuidado en una familia de acogida. Ahora acaba de cumplir cinco años el pasado mes de mayo. En cuanto a su adaptación no se ha producido problema alguno, es una niña muy abierta, no tiene problemas a la hora de relacionarse, si cuando llega a un parque no hay niños conocidos rápidamente invita a los que están a que jueguen con ella, es como si hubiera nacido en Castro, es una castreña más y, por ende, el idioma materno suyo es, lógicamente, el castellano.

P.- ¿Cuándo le dijo a la niña que era adoptada?

R.- Cundo prácticamente comenzaba a balbucear un día me preguntó que si había estado en mi tripa; le respondí que no, que estuvo en la tripa de otra señora pero que yo quería que fuera mi hija y por eso fui a buscarte.

P.- ¿Fue este el momento más difícil?

R.- Posiblemente sí porque no me lo esperaba. Reconozco que me quedé un poco cortada ante la pregunta y me costó reaccionar, pero debo decir, con gran satisfacción, que la niña lo tiene muy asumido, sabe que es china, que es adoptada, que vivió con otra familia en China, además ella no entiende, actualmente, lo que es una raza o una nacionalidad, es decir, ve la diferencia pero nada más allá. En algunas ocasiones ha venido quejándose de que los demás niños insisten en llamarla china, yo le digo que eso es muy bonito, que no es nada malo y en su forma de entender las cosas lo asume.

“Mi madre es fundamental para mi hija y para mí”

P.- ¿Cómo quisiera que fuera de mayor?

R.- Como es ahora, muy alegre, abierta, que fuera feliz sobre todo y, a partir de ahí, que elija ella. Yo estoy tratando de darle todo lo que puedo dentro de mis posibilidades; está estudiando chino e inglés, también música y practica deporte y también le enseño otras cosas para que ella vaya eligiendo.

P.- Ante tantas prácticas ¿se ha quejado la niña en alguna ocasión?

R.- Nunca. Algún día puede decir que no le apetece ir al colegio, natural en todos los niños, pero como es muy activa y nerviosa, le gusta cambiar de actividad y de lugar.

P.- ¿Qué representa su madre para usted y la niña?

R.- Ha sido y es fundamental, acudo a mi trabajo diario y lo hago con la mayor tranquilidad porque la niña queda al cuidado de mi madre, es más, suele decir que ha ganado una hija y una nieta con esta adopción. También pusimos el nombre de Gabriela a la niña porque mi padre se llamaba Gabriel y nos gustaba mucho.

P.- ¿Daría algún consejo a quien tenga la idea de proceder a una adopción?

R.- Pues que no mire hacia otra parte y, ¡adelante¡, porque es algo muy grande, pero eso sí, lo tiene que tener muy claro, lo mismo que ocurre a la hora de decidir tener un hijo biológico, porque cambia la vida totalmente y que no olvide que, a partir de ese momento, tu centro y tu actividad fundamental es tu hijo o hija, que te llena la vida por completo, sin olvidar que para la niña o el niño es la felicidad.

Extraído de: elalerta.com

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